Trucos para ayudarte a gastar menos y ahorrar más

En el mundo en que vivimos, el consumo parece ser la finalidad última de nuestra existencia. Desde todas las direcciones nos bombardean con publicidad destinada a convencernos no sólo de la calidad o buen precio de un producto, sino de lo necesario que es para vivir como debemos y no ser un marginado de la sociedad de consumo. Porque la sociedad clásica ahora es eso: una sociedad de consumo.

Bien es cierto que resulta sumamente positivo el hecho de poder elegir entre múltiples productos, muchas marcas, infinidad de variedades, distintos establecimientos, etc. Pero también es verdad que la publicidad ha pasado de enseñarnos un producto para resaltar sus bondades y convencernos de que lo compremos, a ser una herramienta destinada a crear necesidades. Es decir, se nos dice que debemos comprar todo lo que podamos para formar parte de la sociedad, y cuanto más compremos mejor.

Realmente, es beneficioso poder elegir lo que compramos, y no vamos a hacer apología de la austeridad. Cada persona ha de saber qué necesidades tiene y la mejor manera de cubrirlas. Pero, en cualquier caso, vamos a destacar una serie de factores que pueden influir en que nuestro consumo sea responsable, es decir, que compremos lo que necesitamos o incluso algún capricho, pero que no compremos por comprar, que no nos dejemos arrastrar por una corriente consumista y que no cubre nuestras necesidades, sino las necesidades que nos dicen hasta la saciedad que necesitamos cubrir.

Gastos inexcusables

En primer lugar, vamos a dar por sentado que existen una serie de gastos inexcusables, como la vivienda, la alimentación, el vestido o los suministros (agua, luz, etc.) que han de ser cubiertos.

En cuanto a la vivienda, suele ser el mayor gasto familiar. Ya hemos visto en otros artículos que habrá que buscar la mejor hipoteca posible, o alquilar en lugar de comprar para poder ir más desahogados en el futuro.

Respecto a la alimentación, un buen truco es acudir a los establecimientos que tienen un buen surtido de productos a buen precio, sobre todo en marcas blancas, o si se acude a establecimientos con ofertas o promociones (3 x 2, por ejemplo), ceñirse a éstas, pues suelen ser un reclamo para que acabemos comprando más de lo que necesitábamos y a precios que ya se salen de esas ofertas, con lo que acabamos gastando más.

Respecto a la ropa, es recomendable comprar sólo la que necesitemos y aprovechar las rebajas u ofertas, teniendo claro qué prenda buscamos y no comprando algo que no necesitamos por barato que parezca.

Gastos innecesarios

Pero muchas veces el gasto lo hacemos en cosas innecesarias. Por eso vamos a enumerar a continuación una serie de trucos que podemos llevar a cabo para no caer en la tentación de comprar cosas que no necesitamos.

Tarjetas de crédito

No debemos solicitar tarjetas de crédito si no son necesarias, ni es conveniente llevarlas encima si las tenemos, salvo que vayamos de viaje, por ejemplo. Muchas veces el dinero de plástico nos da tranquilidad al comprar porque no pensamos en que después hay que devolver ese dinero con suculentos intereses.

Es mejor tener tarjetas de débito que cargan nuestras compras al momento, con lo cual tenemos mayor sensación de estar gastando dinero y no seremos tan alegres a la hora de comprar. Nunca aprovechemos el crédito para comprar cosas que luego no podremos o que serán muy incómodas de pagar.

Por este mismo motivo, el de no perder en todo momento la sensación de que se está gastando, es mejor pagar en efectivo cuando se pueda.

Líneas de crédito

Del mismo modo, no debemos tener líneas de crédito abiertas si no tenemos una necesidad precisa por un gasto cierto que se vaya a producir en el futuro. Si tenemos solvencia, cualquier necesidad crediticia será atendida por nuestra entidad financiera.

Rechacemos líneas y tarjetas de crédito que no sean necesarias. Si no las tenemos, seguro que no las usaremos para algo no imprescindible.

Ahorros para vacaciones e imprevistos

Asimismo, resultará conveniente que para los gastos extra de cierta importancia (conocidos con antelación o no) que se darán en el año, tengamos un fondo planificado al que realizar aportaciones periódicas para que el pago sea más llevadero.

Si sabemos que nos vamos de vacaciones en Septiembre, podemos empezar a poner 100 € al mes desde Enero. Llegado el momento, ya tendremos 800 € acumulados para gastar, que serían muy incómodos de pagar de golpe.

Igualmente, podemos crear un fondo de ahorro para imprevistos. Por poca que sea la aportación (por ejemplo, 20 € al mes), siempre se acumulará un pequeño fondo que nos puede sacar de más de un apuro.

Conclusión

En resumen: no hay que comprar cosas que realmente no necesitemos, por baratas que nos las ofrezcan. Comparemos entre los establecimientos para ver en cada caso cuál es más barato. Busquemos las ofertas y promociones pero no nos salgamos de ellas. No conviene tener tarjetas de crédito o de compra si no son necesarias, porque incitan a gastar más (el dinero de plástico está demostrado que nos cuesta menos de gastar). Y tengamos un fondo para gastos. Pagar poco a poco siempre es mejor que hacerlo de golpe.

Buscar mas información: